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Crecer también duele: el arte de reconstruirte sin perderte.

Actualizado: 10 dic 2025

Crecer no siempre se siente como avanzar. A veces se siente como perder cosas, personas o partes de uno mismo. Pero en medio de esa incomodidad, hay algo que florece: la versión de vos que necesitabas conocer.


El crecimiento como proceso, no meta

Nos enseñaron que crecer significa avanzar, alcanzar metas o lograr estabilidad. Pero la verdad es que el crecimiento personal no tiene una línea recta ni una meta final: es un camino que cambia con vos. A veces es suave y cálido; otras, incómodo y confuso.


Crecer no siempre se ve bien desde fuera. A veces se siente como retroceder, como perder interés en cosas que antes amabas, o como alejarte de personas que te hacían sentir acompañado/a pero ya no te suman. Sin embargo, ahí - en medio del silencio, la duda o el cansancio - es donde estás cambiando más de lo que imaginás.


El crecimiento no se mide por lo que lográs, sino por lo que sos capaz de soltar. Por cómo aprendés a tratarte con más paciencia, a perdir perdón a no buscar validación en todo lo que haces. Por atreverte a dejar que las cosas se acomoden sin empujarlas tanto.


Crecer no siempre es agregar, muchas veces es quitar: quitar el ruido, las expectativas, los miedos heredados, los ''deberías'' que no te dejan ser. Y es que el crecimiento personal no es llegar a un lugar, sino volver a vos. A tu voz interna, a tu calma, a tu ritmo. Porque mientras más te conocés, más fácil es caminar sin máscaras.


Aprender a habitarte

Habitarte es reconocerte. Es mirar tus pensamientos sin pelearte con ellos. Es aprender a escuchar sin juicio, a darte tiempo sin culpa, a dejar de pedir permiso para existir como sos.


Habitarte también es cuidar de vos con ternura: preparar un café y tomartelo despacio, escribir aunque no sepas por dónde empezar, mirar por la ventana sin hacer nada productivo. Son pequeñas pausas que le dicen a tu mente ''estoy aquí, conmigo''.


Cuando aprendes a habitarte, entendés que la paz no está afuera, sino en la forma en que te tratás por dentro. Estás aprendiendo ser tu pròpio refugio, y eso también es crecimiento.


El valor de las caidas

Nos cuesta aceptar las caidas porque nos enseñaron a verlas como fracaso. Pero cada caída trae una lección escondida, una oportunidad para mirar distinto, para soltar el control.


Las caídas son parte del ritmo natural de la vida. Son pausas que nos invitan a replantear el camino, a ajustar la dirección, a mirarnos con más honestidad. A veces no hay crecimiento sin pérdida, ni aprendizaje sin error. Cada vez que algo se rompe, aparece espacio para algo nuevo. Las grietas no te debilitan: te humanizan.


Crecer no siempre es convertirse en alguien nuevo, sino recordar quién eras antes de que el mundo te hiciera olvidar. No apures tus procesos, no te compares con NADIE. La vida no te exige ser perfecto, solo se auténtico.

Se paciente con vos. A veces el caos también es una forma de florecer.


 
 
 

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